En un artículo anterior hablábamos sobre el síndrome de Sjögren, una enfermedad reumática autoinmune que afectaba en parte a la salud oral. Recordamos que esta patología afecta a las glándulas de secreción externa del cuerpo que se sitúan en los ojos, la vagina, la piel, el intestino, los bronquios y la boca, siendo la influencia en estas últimas las que hacen que pase factura a la salud bucodental.

El síndrome ocasiona la disminución de estas glándulas, lo que en la boca se traduce en menos salivación, es decir, sequedad bucal. Esto hace que los dientes y encías queden muy desprotegidos ante el ataque de las bacterias u otros microorganismos, por lo que es habitual en estos casos la aparición de multitud de caries.

Hasta el momento no tiene cura, pero podrían haber dado con una…

Una investigación reciente publicada en ‘Nature’ ha dado esperanzas para lograr un tratamiento eficaz contra esta enfermedad, que hasta el momento no tiene cura, tan solo es posible paliar los diferentes síntomas. En este estudio se ha observado que la clave para evitar su inicio o su desarrollo está en dos proteínas: la PD-L1 y la PD1. Ambas proteínas trabajan para suprimir las respuestas autoinmunes y proteger así los órganos. Los investigadores descubrieron que sí se interrumpía la vía entre ambas proteínas la respuesta autoinmune del organismo era más deficiente y aceleraba el desarrollo de la enfermedad.

Para comprobar el papel de estas proteínas utilizaron un grupo de roedores, y observaron que al inhibir la función de la PD-L1 esta obstaculizaba el desarrollo y el comienzo del síndrome de Sjögren. Este hallazgo, según afirman los expertos, implica que las vías de inhibición inmune son las claves para poder combatir dicha enfermedad. Sin duda supone un avance extraordinario para las personas que la sufren, que según las estadísticas, es la segunda enfermedad autoinmune más común que sufren más de 4 millones de estadounidenses.