Todos tenemos miedo a los traumatismos en los dientes, a sus repercusiones, y esto aumenta cuando hablamos de nuestro hijo. Definimos traumatismo como una lesión externa que produce un factor con una acción mecánica externa.

Bajo el diente de leche se encentra el futuro diente “adulto”. Este es el que nos preocupará especialmente puesto que en caso de traumatismo intentaríamos que sólo afectase al temporal de leche. Uno de los factores más influyentes será la edad del niño puesto que tendrá diferentes formas de reaccionar. Además el daño producido no será el mismo si tiene 3 o 6 años.

Tipos de traumatismos:

Sin atención inmediata

  • Avulsión: se produce cuando tras el golpe se pierda la pieza dental completa. Debemos asegurarnos de que la pieza está entera y ayudar a cicatrizar y bajar el hinchazón de la zona afectada. Por ejemplo con el frío de un helado.
  • Concusión: es el término utilizado para los golpes comunes. No existe desplazamiento de la pieza, y el dolor dependerá de diferentes factores.
  • Subluxación: el golpe genera sangrado en la encía, dolor y movilidad mayores que en la concusión.
  • Fractura de esmalte/dentina: en este caso nos encontraremos con la pérdida de la parte de diente fracturada. Puede generar un punto rojo, y dependiendo de su grado de pérdida se podrá limar la zona o incluso reponer la parte pérdida.

 

Con atención inmediata

  • Extrusión: en este caso el diente se sale del alveolo debido al golpe, desplazándolo parcialmente. Es uno de los casos más dolorosos además de generar la mala mordida. Deberá ser tratado por un experto y en ocasiones se podrá recolocar.
  • Fractura coronal: llamamos corona a la parte visible del diente. En este caso la fractura causada por el golpe llega al nervio. Generando un punto rojo en la zona de rotura y creando un dolor muy agudo.
  • Intrusión: el diente se hunde en el hueso por el golpe. Es el peor de los traumatismos y su grado de gravedad dependerá de lo profundo que se clave el diente en el alveolo.

Traumatismos en tejidos blandos

Suelen darse con los anteriores, y afectan a lengua, labios, encías, etc. Son zonas que sangran bastante y por lo que podemos llegar a alarmarnos excesivamente, ya que realmente son muy pocos los que necesitan sutura. Debemos limpiarlos con agua fresca y gasas tratando de no generar más herida. La mayoría de los casos son traumatismos leves y en pocos días están cicatrizados.