El doctor Iván Malagón, experto en ortodoncia y ortopedia maxilomandibular, ha acudido al programa Saber Vivir (minuto 38’48») a explicar cómo afecta el verano a nuestros dientes y de qué forma podemos protegerlos en esta época. La época estival es una etapa de vacaciones y disfrute merecidos en los que la salud bucodental es uno de los aspectos que más se resiente. Por ello es importante prestarle atención y no descuidarla en exceso para evitarnos problemas mayores a la vuelta de las vacaciones. Los principales factores de riesgo durante el verano son:

Bebidas y alimentos fríos: debido al calor predominante de estos meses la gente sale y se refresca mediante bebidas o alimentos fríos, y el problema de esto, según explica el doctor Malagón, es que al producirse cambios bruscos de temperatura, afecta de lleno a la pulpa de los dientes, que está formada por nervios y vasos sanguíneos que se dilatan ante estos cambios. Cuando se produce esta dilatación causa dolor, y con el tiempo, si no se tiene cuidado, la pulpa se retrae y se calcifica toda esa zona, lo que deriva en una pérdida de sensibilidad se puede perder la muela.

Refrescos isotónicos: una estudio reciente advertía de los peligros que suponía para los niños tomar este tipo de bebidas fuera de la práctica deportiva, pero como explica el doctor, no es dañino solo para los más pequeños, sino que en general son perjudiciales si se toman como refresco fuera de la rutina deportiva. Las bebidas isotónicas están diseñadas para aportar una gran cantidad de azúcares y electrolitos a los deportistas tras un esfuerzo extremo, si se toman solo para refrescarse, sin haber hecho ejercicio alguno, se ingiere mucho azúcar que puede llevar a engordar más fácilmente y además crean el campo de cultivo perfecto para las bacterias responsables de las caries. Además también desmineralizan la superficie del esmalte volviéndola más porosa. Por tanto para refrescarnos e hidratarnos es mejor (si no hemos hecho deporte) tomar agua o leche, y evitar ingerir en exceso bebidas carbonatadas (con gas) porque perjudican también al esmalte.

Es importante recordar que si bebemos zumos fríos es recomendable beber agua después o lavarse los dientes tras 20 minutos debido a que los ácidos presentes en ellos desgastan el esmalte, y si cepillamos inmediatamente después, se incrementa este deterioro.

El cloro de la piscina: el cloro no es que sea malo en sí para los dientes, lo que ocurre, aclara el doctor, es que a las personas que habitualmente practican natación es más fácil que se les forme placa dental. El cloro sube el ph del agua para que no esté infectada, y esta subida del ph hace que las proteínas de la boca se descompongan más fácilmente y se precipite más fácilmente la placa o el sarro dental en los dientes, y posteriormente es colonizado por las bacterias responsables de las caries.

Comer fuera de casa (sin cepillo): si no llevamos un cepillo a mano tras comer fuera de casa, por lo menos hay que llevar un chicle sin azúcar. Mascar chicle hace que la superficie de los dientes se limpie gracias a que el acto de masticar hace que se segregue mucha más saliva creando un efecto tampón que equilibra el ph de la boca dotando de más protección ante la colonización de las bacterias. La manzana también es muy beneficiosa, morder una (entera, no cortada en trozos) hace que se limpien los dientes gracias a este efecto barrido y a determinadas propiedades antioxidantes que contiene, hace que tengamos una mejor salud bucal.

En cuanto a cepillarse los dientes, se cometen ciertos errores. El principal es que no dedicamos el tiempo necesario a ello y se llega a todos los recovecos de la boca. Es recomendable utilizar un cabezal pequeño para llegar fácilmente a todos los huecos y no olvidarse tampoco de limpiar las encías y la lengua. Tampoco hay que pensar que apretar durante el cepillado perjudica el esmalte como dicen algunos especialistas, un cepillo de dureza media no desgasta aunque se cepille fuerte.

La cantidad de pasta de dientes que hay que utilizar es la medida de un guisante, “ni más ni menos” afirma el doctor. Si se utiliza mucho se puede generar mucha espuma volviendo incómodo el cepillado y no dedicarle el tiempo necesario. En cuanto a los colutorios tampoco hay que abusar de los antisépticos, primero porque los tiene que recomendar un experto y segundo porque abusar de ellos elimina a la flora bacteriana buena de la boca.