Dentro de los dientes se encuentra la pulpa dental, el tejido blando que alberga los nervios y los vasos sanguíneos. Cuando este tejido se inflama o se infecta debido a alguna lesión o caries profunda no se regenera y ocasiona muchísimo dolor. Además aumenta el riesgo de que penetren en el interior del diente bacterias y causar una infección en el interior del diente que si no se trata puede derivar en un absceso y con el tiempo, además del dolor, dañar el hueso alveolar.

Cuando ocurre esto la solución es el tratamiento del conducto radicular, que consiste en eliminar la parte de la pulpa dentaria afectada y sellar la zona. Este proceso suele suponer al menos dos visitas a la consulta del dentista: en la primera se lleva a cabo el tratamiento en sí, y en la segunda el doctor comprueba si se ha eliminado del canal la infección o si persiste. Pero según los datos del King´s College de Londres, alrededor de una cuarta parte de estos procedimientos falla debido a infecciones secundarias y toca volver al dentista en más ocasiones.

Según el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NSH por sus siglas en inglés) estos tratamientos tienen un coste de más de 50 millones de libras al año por el millón de tratamientos que realizan anualmente. ¿Cómo ahorrar costes a la par que mejorar la eficiencia del tratamiento para los pacientes? Con el dispositivo SafeRoot.

SafeRoot es capaz de detectar cualquier tipo de bacteria al finalizar el tratamiento del conducto radicular para evitar futuras infecciones bacterianas. Mediante colorantes fluorescentes y microscopia de fluorescencia ayuda a detectar ópticamente bacterias residuales que no hayan sido extraídas durante el procedimiento para que se proceda a su eliminación antes del sellado. Los ensayos mostraron que en escasos 3 minutos los resultados son visibles.

Con este avance se pretende reducir las visitas posteriores al dentista y garantizar el éxito del tratamiento en tan solo una vez, lo que ahorra tiempo a los pacientes y costes al NHS.