La salud oral poco a poco va cobrando relevancia en la sociedad y se empieza a generar conciencia sobre la importancia que tiene no solo para tener una boca sana, sino en general para gozar de una salud adecuada. Cada vez son más los estudios que relacionan una mala salud dental con el riesgo de sufrir otras patologías como alzéhimer, diversos tipos de cáncer, accidentes cardiovasculares…y un amplio etcétera. Cada vez estamos más familiarizados con los hábitos de higiene oral diarios y con acudir a la consulta del dentista varias veces al año, pero todavía hacemos ciertas cosas que, aunque no lo sepamos, son perjudiciales para nuestros dientes:

Morderse las uñas: al hacer esto lo que se consigue es que los dientes choquen bruscamente de forma continua, lo que provoca que se desgaste mucho el esmalte dental debilitando así la estabilidad de los dientes. Otra consecuencia es el aumento de las caries, ¿por qué? Las manos son una fuente de bacterias ya que es con ellas con las que tocamos y cogemos cosas, por tanto, al mordernos las uñas entran en la boca multitud de bacterias.

Dietas extremadamente saludables: las ‘dietas milagro’ están de moda, y aunque algunas sean saludables para el organismo, llevar esto al exceso también puede pasar factura a nuestros dientes. Al tomar fruta en exceso, algo que aparentemente no tiene consecuencias negativas, al igual que tomar demasiadas ensaladas aliñadas, se produce mucho desgaste dental debido a que estos alimentos (en exceso) producen ácidos en la boca que deterioran el esmalte. No hay que olvidar que tanto las frutas como las verduras también contienen azúcares, que en su justa medida no son perjudiciales, pero con eso de llevar las dietas al extremo, alimentarse exclusivamente de estos productos deriva en unos dientes debilitados.

-Utilizar palillos: es un gesto muy común utilizarlos después de las comidas para eliminar los restos que se han quedado entre los dientes, pero no es nada recomendable. Pueden dañar los dientes y encías, para eso está el hilo dental, una forma segura y sana de eliminar los restos alimenticios tras el cepillado.

Morder objetos: utilizar los dientes para abrir botellas, cortar celo, el hilo para coser y un amplio etcétera, cosas que hacemos más habitualmente de lo que parece, no es nada recomendable. Estos actos hacen que se produzcan microfracturas en los dientes y que se debiliten poco a poco.

Obsesión por los dientes blancos: en algunos casos la obsesión ha llegado a tal nivel, que se ha catalogado esto como una enfermedad, la blancorexia. Quienes la sufren desean tener un color de dientes blanco nuclear nada natural, y para ello se someten una y otra vez a múltiples tratamientos blanqueadores. Al final el resultado es contraproducente, y en vez de tener unos dientes sanos, lo que se consigue es un desgaste exagerado del esmalte dental.

Piercings bucales: una de las modas más habituales. Agujerear las zonas de la boca, como los labios o la lengua, supone abrir una ventana de infecciones ya que en la boca habitan multitud de bacterias que si pasan al torrente sanguíneo pueden desencadenar consecuencias graves. Otro inconveniente es, en el caso concreto del percing de la lengua, la hiperemia pulpar que suele causar. Esto es la inflamación de la pulpa dental del interior de los dientes, que debido al choque continuo del pendiente con la pieza dental, se van formando microrroturas. Esto causa mucho dolor, y con el paso del tiempo se pierde la sensibilidad del diente y el riego sanguíneo, lo que aumenta el riesgo de perder la pieza.

Fumar: el tabaco no podía faltar en esta lista. Es uno de los elementos más nocivos que además de mal aliento o aumentar el riesgo de sufrir cáncer, entre otros inconvenientes, se ha demostrado que favorece la aparición de la placa dental.