El cepillado dental es el acto más importante de la limpieza bucal, y aunque parece imposible hacerlo mal, lo cierto es que la mayoría de la gente tiene unas manías equivocadas sobre cómo hay que proceder a ello.

Sin miedo a apretar: hay dentistas que desaconsejan lavarse apretando demasiado el cepillo porque alegan que puede deteriorarse el esmalte dental, pero lo cierto es que un cepillo de dureza media, por muy fuerte que se cepille uno, no desgastan el diente. El riesgo que se corre es causar heridas en las encías debido a la fuerza, por ello es recomendable realizar movimientos suaves, pero no porque desgaste el diente, sino por no dañar la encía.

Poca pasta: ese pensamiento de ‘cuanto más, mejor’ no es aplicable al dentífrico. Contrariamente a lo que se piensa, la medida ideal de pasta de dientes en el cepillo es el tamaño de un guisante, es decir, muy poquito. De esta forma no se malgasta dentífrico y el cepillado resulta más cómodo, porque si se untan todas las cerdas con pasta, al final se acaba produciendo mucha espuma, y al ser molesto puede que no aguantemos el tiempo suficiente de cepillado.

Cabezal pequeño: un cabezal demasiado grande impide llegar bien a todas las cavidades de la boca, por lo que es mejor uno más pequeño que permita limpiar todos los recovecos, incluyendo la lengua, el paladar y las encías, que no hay que olvidarse de cepillar estas zonas.

No enjuagarse en exceso: esta práctica no tiene nada de malo si es con agua, que nunca viene mal y favorece la limpieza, pero nunca hay que abusar de los colutorios antisépticos , que si los usamos de manera excesiva destruyen la flora bacteriana buena de la boca y provocan desequilibrios en ella.

Tiempo: el idóneo para una buena limpieza es cepillarlos durante 2 minutos, si no se tienen prótesis u ortodoncias, y cepillarlos mínimo 2 veces al día, siendo muy importante no olvidarse del cepillado de antes de dormir. Además es necesario cepillarse la lengua, que alberga muchas bacterias, y utilizar también todos los días la seda dental por lo menos una vez al día. De esta forma se logra eliminar más minuciosamente los restos de alimentos que se hayan podido quedar entre los dientes

Higiene del cepillo: un cepillo de dientes no es para toda la vida, ni el manual ni el eléctrico, hay que cambiarlos cada cierto tiempo porque con el uso las cerdas se deforman y pierden eficacia. Además almacenan bacterias a lo largo del tiempo como han demostrado diversos estudios, por ello cada 3 meses se aconseja cambiarlo.