No te olvides de cuidar tus dientes (CC0 Public Domain)Lavarse los dientes es un ‘must’ del ritual diario de higiene dental, se le puede considerar el pilar básico de la limpieza bucal. Pero aunque esta acción esté más que interiorizada por la mayoría de la sociedad no siempre realizamos esta práctica correctamente. Sí, aunque es una tarea fácil también tiene su método. Te explicamos los errores que debes evitar:

Duración escasa: las prisas nunca son buenas, y para cepillarse los dientes tampoco. No hay que dedicarle una eternidad, con dos minutos bastan, pero no menos. Todavía muchas personas no le dedican el tiempo necesario, especialmente los niños (a los que hay que habituar) y las consecuencias de una higiene dental insuficiente se pagan en el futuro. Si nos cepillamos durante poco tiempo no se eliminan todos los restos de alimentos y tampoco conseguiremos reducir a las bacterias responsables de las caries, correremos un mayor riesgo de periodontitis, las encías se debilitarán…. Son solo dos minutos pero a cambio una mejor salud.

Demasiada pasta y demasiados cepillados: la medida exacta de cuanto dentífrico hay que poner en el cepillo es “un guisante” recomienda el doctor Iván Malagón. Ni más, ni menos. Como hemos explicado en un artículo anterior, la pasta de dientes, entre sus muchos componentes, lleva unos llamados abrasivos. Se trata de una sustancia sólida que ayuda al arrastre de los restos de alimentos logrando una limpieza eficaz, pero también tiene sus riesgos. Si la pasta tiene demasiados (verificar el índice RDA de tu dentífrico) se debilita mucho el esmalte, por lo que no hay que echar mucha, la justa. Tampoco hay que pasarse de cepillados, con tres veces al día, una tras cada comida es suficiente y así no dañaremos el esmalte.

Olvidarse de la lengua y las encías: Son las grandes olvidadas en la higiene oral, pero lo cierto es que es sumamente importante su limpieza para cuidar nuestra salud oral. Al igual que nos cepillamos los dientes también hay que hacerlo con la lengua y las encías de manera suave.

No cepillarse las caras interiores: en la cara de los dientes que no vemos también se quedan restos de alimentos, y no cepillarlas implica que las bacterias permanecen en esas zonas.

Cepillo incorrecto: utilizar cepillos grandes o de cerdas muy duras es contraproducente, más que limpiar, dañas tus dientes. Es preferible utilizar cepillos pequeños que alcancen todos los recovecos y con cerdas suaves para que no se dañe el esmalte. Un cepillo de cerdas duras solo lo recomienda el especialista para determinados problemas

No limpiarlo tras su uso: este es un fallo muy común, tras el cepillado se deja el cepillo de vuelta en el frasco de los cepillos sin haberlo lavado. Es necesario lavarlo ya que sino las bacterias o restos de alimentos que hemos eliminado de nuestra boca seguirán en las cerdas la próxima vez que nos cepillemos. Además no hay que guardarlo húmedo con su capuchón, eso es un caldo de cultivo para las bacterias, es más recomendable dejarlo sin tapar.

Cambiarlo poco: el cepillo sufre desgaste, y por ello hay que cambiarlo cada 3 meses o antes si notamos que está muy desgastado.