Según los datos de los expertos, los adultos ingieren un 13% de azúcar más que lo recomendado, pero en los niños este porcentaje aumenta hasta un 40%. Un exceso de azúcar afecta de manera muy nociva al organismo en general y a la salud dental en particular. El azúcar es el alimento principal de las bacterias responsables de las caries, uno de los problemas bucales más comunes, especialmente en los más pequeños, pero que si no se tratan pueden desembocar en problemas más graves. Para reducir el consumo de azúcar en los niños la Academia Dental Americana (ADA) sugiere estas recomendaciones:

Conocer los límites

Un exceso de azúcar no es bueno, todo el mundo lo sabe, pero, ¿dónde está el límite? Aconsejan que a la hora de elegir un aperitivo para los hijos tener en cuenta los azúcares artificiales como el jarabe de maíz o el azúcar blanco que se adhieren a ciertos alimentos y que son los más dañinos. En el lado contrario se encuentran los azúcares naturales, que se trata de la cantidad de azúcar que llevan alimentos como la leche y la fruta de manera natural, sin aditivos, por ello es muy importante no echar más azúcar en los alimentos o comprar los que están muy edulcorados, porque si ya los alimentos de por sí tienen una cierta cantidad de azúcar, si se les añade más la ingesta de esta sustancia se eleva demasiado.

Según la Administración  de Alimentos y Medicamentos de EEUU la cantidad diaria de azúcar recomendada para los menores de 3 y 12 años es de como máximo 12,5 cucharaditas de azúcar extra (misma cantidad que contiene una lata de refresco). Por otro lado la Organización Mundial de la Salud insta a que los niños no superen el límite de 6 cucharaditas de azúcar al día y 3 para los adultos. Desde la ADA recomiendan ojear siempre las etiquetas de los alimentos que se van a dar a los niños y comprobar los niveles de azúcar en gramos. Una cucharadita equivale a cuatro gramos, y la recomendación es que los pequeños tomen entre 12 y 50 gramos al día como máximo.

Reducir la ingesta de zumos

El zumo de frutas se considera una de las bebidas más sanas, pero un estudio reciente publicado en la revista Diabetes and Endocrinology resalta que no es tan bueno para la salud como se piensa. Al hacer un zumo de frutas los expertos señalan que supone la misma cantidad de azúcar que las piezas originales, pero se elimina mucha cantidad de fibra. Según está investigación, el consumo frecuente de zumo hace que se disparen los niveles de azúcar en el organismo, especialmente los zumos envasados. Por ello los expertos recomiendan no abusar de él y intentar incentivar más durante las comidas a beber leche o agua, que son los líquidos más beneficiosos para la salud de los dientes.

Prescindir de los refrescos

Los nutricionistas alertan de que una sola lata de refresco contiene la cantidad de azúcar de tres días recomendada para un niño. Las bebidas isotónicas también entran en este punto, ya que un estudio muy reciente alertaba del consumo excesivo de este tipo de bebidas (muy azucaradas y carbonatadas) en los niños no deportistas, que aumentaba enormemente el riesgo de que sufrieran caries.

Cuidado con los ‘aperitivos saludables’

Existen snacks que a simple vista puedan parecer saludables, o por lo menos inofensivos, por llevar frutas, pero en ocasiones son peores de lo que parecen. Las pasas por ejemplo son una mala opción para los dientes dado que se adhieren más fácilmente y permanecen allí más tiempo sirviendo de alimento a las bacterias.

Menos carbohidratos

Las tan habituales galletas o patatas fritas son también una fuente de azúcar en potencia. Al descomponerse se forman azúcares que ayudan a las bacterias a proliferar en la boca y además son alimentos que se quedan adheridos a la parte superior de los dientes fácilmente durante mucho tiempo.

Dar ejemplo

Además de intentar todo lo anterior con los hijos, la parte fundamental para reducir los niveles de azúcar es dar ejemplo y seguir estas pautas también en la rutina de los adultos de la familia. De este modo los niños lo verán como algo natural y les será más fácil habituarse a llevar unas costumbres sanas.