Según los datos, el número de menores que necesitan ser sedados en la consulta del dentista para llevar a cabo algún tipo de procedimiento ha crecido, y los recientes casos de fallecimiento de niños a consecuencia de la anestesia, ha puesto a los padres en alerta. La muerte de los pequeños se ha producido en la mayoría de los casos durante la sedación, dejando lesiones irreversibles que les provocan la muerte. Es el caso, entre otros muchos, de Caleb Sears,  un niño de 6 años de edad que acudió a su dentista en California y que tras la administración de la anestesia nunca despertó. El especialista que le estaba realizando una extracción dental era el mismo que tenía que ocuparse de la sedación, algo que las nuevas directrices de las asociaciones dentales pediátricas han modificado ahora.

Para rebajar las alertas y que estos casos no repercutan en que los padres dejen de llevar a sus hijos al dentista por miedo, La Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Academia Americana de Odontología Pediátrica (AADP) han redactado unas nuevas directrices para los profesionales sobre cómo llevar a cabo la aplicación de la anestesia en niños. La sedación infantil es algo diferente a la de los adultos ya que el objetivo principal con los pequeños normalmente suele ser calmarles para que no estén demasiado nerviosos y el odontólogo pueda llevar a cabo la revisión sin problemas. El hándicap o la dificultad de este aspecto es que los niños tienen más facilidad que los adultos de pasar de un estado de sedación controlado a otro más profundo que entraña riesgos graves para la salud como la obstrucción de las vías respiratorias o la apnea.

Para minimizar todos estos riesgos las nuevas directrices establecen que además del odontólogo encargado del procedimiento requerido, haya otro profesional médico encargado exclusivamente de monitorear al pequeño los parámetros fisiológicos, administrarle los fármacos necesarios y asistirle en caso de necesitar reanimación.

La Alianza médico-paciente para la Salud y Seguridad (PPAHS) culpa a la falta de personal en las salas de que hayan ocurrido estos fallecimientos y pide a los progenitores una mayor conciencia sobre los riesgos de la anestesia y les insta a que se informen debidamente de los procedimientos y que verifiquen que los profesionales que van a atender a su hijo están capacitados y que haya personal suficiente en la consulta. Para ello les anima a realizar una serie de preguntas a los especialistas y que, de no responderlas o no hacerlo de forma que los padres se queden satisfechos y seguros, se busquen otra clínica para que traten al pequeño. Las preguntas son:

  • Además del médico responsable del procedimiento, ¿habrá otro especialista capacitado en la anestesia para administrarla y supervisarla bajo las nuevas guías?
  • ¿Qué tipo de monitoreo (capnografía, eletrocardiograma o la oximetría de pulso continua) se utilizará durante el procedimiento?
  • ¿Qué tipo de equipo de reanimación estará disponible en la sala durante el procedimiento? ¿y los planes de emergencia que se llevarían a cabo?